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LA VACA BLANCA ROSA

       En una casa de campo vivía una simpática vaquita a quien le llamaban Blanca Rosa. Era muy trabajadora fabricaba leche todo el día, por eso todos la querían mucho.

Blanca Rosa se sentía muy orgullosa porque ella no era una vaquita cualquiera, era muy importante, fabricaba una leche riquísima, especial, que a todos los niños les gustaba beber.

Cierto día la vaquita comenzó a caminar despacito, despacito, mientras miraba todo… Vio que muchas flores habían salido de su casita de invierno… Otras parecían peinarse con cuidado su colorida cabellera. Aspiró … ¡Sahh…! ¡Que lindo perfume!

Le pareció que penetraba muy adentro de su cuerpo el sol… el aire… el calor… Y descubrió así solita, sin que nadie se lo dijera, que estaba por llegar la PRIMAVERA.

     – Basta de vaca lechera -rezongó- ¡No tengo ganas de trabajar!

Decidió salir de paseo en busca de aventuras.

      – ¡Que trabajo abrir la tranquera! Pfff… Pfff… ¡Ya está!

Al salir cortó dos flores… Una se la puso detrás de la oreja y la otra con mucho cuidado se la enganchó en su colita…

       – ¿Estaré hermosa? -pensó.

Se acercó a un charquito y ¡Ohhh! se vió tan bonita que ya no pudo ser la misma… Y entonces comenzó a caminar como una hormiguita, dando largos, larguísimos suspiros…

Luego saltó igual que un conejo…

Mientras tanto…  el tiempo iba pasando y cada vez era más tarde. El sol hacía rato que se había dormido y la luna remolona no quería salir. Blanca Rosa seguía paseando…

Pero de pronto ¡Crrr…! ¡Crrr…!

       -¿Qué ruido más raro?

Paró las orejas, abrió muy grandes los ojos…  ¡Crrr…! ¡Crrr…!

Los cuatro pelos de su frente se pusieron de punta y del susto la flor que adornaba su cabeza se cayó.

        ¡Crrr…! ¿Serán fantasmas? … ¡Fantasmas!…

Temblaba la pobre Blanca Rosa; su colita no sabía donde esconderse. ¡Mejor escapar! Ahora la vaquita parecía una liebre -¡Corría! ¡y corría! … Y ¡Cómo corría!…

Estaba oscuro… cada vez más oscuro…

No pudo encontrar el camino de regreso. ¡Pobrecita la vaca Blanca Rosa!  ¡Estaba perdida!

Perdida… parecían gritar las flores, que ahora se escondían sin mirarla.

Perdida… parecían gritar los bichitos de luz.

Perdida… gritaban todos los árboles.

¡Perdida!   ¡Perdida!   ¡Perdida!

La vaquita se sintió cansada, con frio y miedo y sin darse cuenta se quedó dormida. Así pasó la peor noche de su vida.

A la mañana siguiente más tranquila pudo encontrar el camino… Estaba abierta la tranquera como si la estuviesen esperando.

… Miró hacia todos lados y entró luego despacito, bajando con vergüenza la cabeza y espiando de vez en cuando…

De pronto vió los niños… ¡Qué verguenza! Ya estarían enterados de su escapada…

Arrepentida, no quiso ni mirarlos… Un lagrimón grandote corría por su ancha carota…

pero ellos contentos con sólo verla, le regalaron un collar enorme de flores y le cantaron esta linda copla:

“Tengo una vaquita mansa,

la vaca más buena moza,

de pelo color naranja

y manchas de mariposa”. j0283930

Ahora Blanca Rosa fabrica más leche que nunca mientras pasea de un lado a otro luciendo su collar.